La gloria o el infierno en el Azteca el 5 de julio

21 de junio de 2026

Por Orlando Mora

México tiene la oportunidad histórica de jugar octavos de final en el estadio Azteca y meterse a los 8 mejores del mundo.

Inauguración del mundial en el estadio Azteca de Ciudad de México el 11 de junio de 2026.

El mundial de fútbol arrancó el jueves 11 de junio de 2026. Es la primera vez que el mayor evento deportivo mundial tiene 48 equipos participantes.

México se convirtió en el primer país en albergar el torneo en tres ocasiones. El estadio Azteca es el primero en el mundo que ha inaugurado 3 veces un mundial. 

Se celebrarán 104 juegos; 13 en México, 13 en Canadá, y en Estados Unidos, 104, incluida la final.

El evento en México se vivirá como un eclipse parcial de Sol: sólo el 12.5% de partidos se realizarán en nuestro territorio y hasta octavos de final. A partir de cuartos de final el torneo se desarrollará en Estados Unidos.

Pero México es un país de fiesta que celebra por cualquier motivo y más por un mundial en su territorio. La alegría y el entusiasmo inundan las calles del centro de Ciudad de México. El fan fest del Zócalo es el centro de encuentros entre jóvenes de varias nacionalidades que se hermanan por el fútbol.

Ritual de cada 4 años

El aficionado mexicano vive de recuerdos dolorosos. Vive en su memoria la eliminación ante Bulgaria en 1994, ante Alemania en 1998, ante el acérrimo rival Estados Unidos en 2002, ante Argentina en 2006 y 2010, ante Países Bajos en 2014, ante Brasil en 2018. Todas las heridas en octavos de final. 

El aficionado sueña con el sexto partido (antes quinto), que México clasifique a los cuartos de final, estar entre los 8 mejores del mundo. Es una obsesión en un país futbolero de 130 millones de habitantes que no es capaz de hallar a 11 jugadores de clase mundial.

El ritual se repite cada 4 años: una vez iniciada la fiebre mundialista, los pamboleros se ilusionan, vuelven a creer en una selección que no tiene figuras, conformada mayormente por jugadores de la liga local.

El fan entra en modo mundialista sabiendo las decepciones del pasado, pero la pasión es tan intensa que decide ilusionarse, cree que ahora sí la selección dará ese paso escurridizo.

Mientras Brasil y Argentina tienen a muchos jugadores en los mejores clubes de Europa, México ha tenido menos que un puñado. Hugo Sánchez, Rafa Márquez y Javier Hernández han jugado en equipos de élite; el resto de los que han jugado en Europa, que no son muchos, han pertenecido a equipos de media tabla hacia abajo. 

Jugar en los mejores equipos de Europa, donde se desarrolla el mejor fútbol del mundo, es necesario para que la selección dé el salto definitivo: ahí el jugador se foguea con los mejores del mundo, aprende a competir bajo presión constante para obtener resultados.

México ganó el partido inaugural 2-0 ante Sudáfrica, aunque su actuación fue agridulce. El primer tiempo demostró un dominio completo; en el segundo tiempo perdió el rumbo y no pudo ampliar la ventaja teniendo 2 hombres de más. Para empeorar las cosas, César Montes fue expulsado en un error infantil.

Este tipo de pequeños errores son comunes en la selección, lo que la distancia de potencias. Un error así ante ellas es sentencia de eliminación en fases definitorias; basta uno de ellos para derrumbar los sueños de millones de mexicanos.

En su segundo partido México derrotó 1-0 a Corea del Sur, asegurando el primer lugar de su grupo, lo que le permite regresar al Azteca para enfrentar a un tercer lugar en dieciseisavos. Una vez más el funcionamiento de México fue errático la mayor parte del tiempo. El gol de Luis Romo se derivó de un error del portero coreano al soltar el balón en un centro de Julián Quiñones.

El pase a cuartos de final en el Azteca

La esperanza en este mundial está cimentada en la localía de ser anfitriones. En el estadio Azteca, un recinto histórico, México es casi invencible. De ganar en dieciseisavos, jugaría ahí los octavos contra Inglaterra o Croacia.

Jugar como locales arropados por su afición no se traduce en ventaja automáticamente: en 1994 México fue echado del mundial por la Bulgaria de Stoichkov, en el Giants Stadium de Nueva York repleto de playeras verdes.

Hasta equipos históricos han sufrido descalabros en casa. Brasil fue humillado por Alemania 7-1 en semifinales en 2014. Alemania fue derrotada por Italia en 2006. Italia llegó invicta sin recibir goles a semifinales para caer en penaltis ante la Argentina de Maradona en 1990. El maracanazo es la mayor tragedia, cuando Brasil perdió 2-1 en casa la final ante Uruguay el 16 de julio de 1950.

Jugar de local en el Azteca es un escenario de doble filo. La afición se entrega por completo invocando el ole de las corridas de toros al inicio de los partidos, no obstante, una vez que los minutos avanzan y el funcionamiento del equipo se descompone, aparecen los gritos homofóbicos para demostrar su descontento.

El 5 de julio de 2026 se convertirá en la mayor tragedia o en la hazaña que romperá el hechizo que hará explotar el grito contenido de todo un país que desde 1986, cuando el tornero fue en casa, nunca se ha colado para estar entre los 8 mejores equipos del mundial. Es la gloria o el infierno, todo o nada. 

Si México avanza a cuartos habrá una celebración sin precedentes en las calles. Millones festejarán en el ángel de la independencia, en el Zócalo y en cada plaza de cada pueblo.

Que la historia que resuena en el Azteca, donde se coronaron Pelé y Maradona, y donde Beckenbauer jugó el partido del siglo, sople una vez a favor de México, y que la historia de este templo del fútbol se engrandezca en un día soleado este verano del 2026, cuando México pueda avanzar al sexto partido, a cuartos de final.